Y hasta aquí el tema del contenido nutricional. Sin embargo, hay otro aspecto en el que la
producción ecológica es preocupante: la seguridad alimentaria. Vivimos en una sociedad en la que
tenemos la suerte de que en los supermercados hay alimentos, y estos son seguros. Las intoxicaciones
alimentarias hoy por hoy son infrecuentes. Llegar hasta aquí no ha sido fácil. Ha hecho falta
desarrollar tecnología, legislación y crear unos canales de distribución de alimentos que garanticen
esta seguridad. Gracias a eso, en los países desarrollados hemos podido erradicar la mayoría de
problemas relacionados con la alimentación, como el botulismo, el cólera, el tifus o la disentería.
Otros, como la salmonelosis, la shigelosis o la intoxicación por E. coli enterogénica, los tenemos
bastante controlados, aunque de vez en cuando siguen dando quebraderos de cabeza.
No es sencillo conseguir que todo el sistema funcione y que la comida sea segura. Cualquier
alteración o fallo pueden hacer que surja una crisis. Por supuesto, aquí también influye, además del
celo de las autoridades y el interés de los consumidores, el de los productores. Una intoxicación en
un restaurante famoso o en una cadena de supermercados con muchas tiendas puede suponer un golpe
fatal para la reputación y para la marca, por lo que ya se preocupan ellos de que todo lo que te venden
sea seguro. El problema es que en la producción ecológica se juntan varios factores que van en
contra de esta seguridad alimentaria. Por una parte, el reglamento autoriza prácticas como el uso de
abonos de origen animal que favorecen la aparición de contaminaciones como el E. coli, sobre todo
en las verduras de hoja que se cosechan a ras de suelo, como las lechugas, las espinacas o las acelgas.
Por otra parte, el reglamento limita el uso de fitosanitarios útiles para el control de plagas, algunas
de las cuales pueden tener efectos sobre la salud del consumidor. Y por último, una parte de la
distribución se hace en mercadillos, pequeños productores o incluso puerta a puerta, lo que limita el
control y sobre todo la trazabilidad. Este último concepto es clave en la seguridad alimentaria.
Imagínate que en un supermercado aparece una partida contaminada. Para poder evitar males
mayores hay que actuar de forma rápida. Y para eso es imprescindible saber de dónde viene esa
comida, por dónde ha pasado y quién la ha manipulado, para localizar el foco del problema y retirar
todos los productos contaminados, que pueden estar en diferentes partes del país o incluso del
continente. La Unión Europea ya les ha tirado de las orejas seriamente a los productores y
distribuidores de alimentación ecológica por el tema de que hay mucha dejadez en lo referente a la
trazabilidad y el control.12 Las consecuencias se vieron claramente durante la mal llamada crisis del
pepino de 2011. Las autoridades alemanas estuvieron dando palos de ciego porque no sabían de
dónde salía la contaminación, hasta que se probó que fueron brotes de fenogreco ecológicos
importados de Egipto. Las consecuencias de estos fallos en la trazabilidad fueron cincuenta víctimas
y cuatro mil hospitalizados.
La combinación de estos factores que van en contra de la seguridad alimentaria es un serio
problema de la producción ecológica. Ya he mencionado la crisis del pepino, que tenemos todos en la
memoria y que tuvo repercusión mediática por el gran número de víctimas, pero es que el goteo de
alertas desde 2011 relacionado con la producción ecológica ha sido continuo y constante. Es una
cuestión de tiempo (desgraciadamente poco) que vuelva a haber otra crisis grave con víctimas, de la
misma forma que sabíamos que algo como lo del fenogreco podía pasar porque ya habíamos tenido
antes víctimas por culpa de la E. coli patogénica relacionadas con la producción ecológica.
Entre las alertas posteriores a la crisis alemana de 2011 tenemos retiradas de huevos de
producción ecológica en Alemania por contener entre tres y seis veces más dioxinas que el mínimo
permitido, un estudio de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria donde se indicaba que los
quesos ecológicos contienen mayores niveles de dioxinas que los convencionales,13 y dieciocho
intoxicados en Francia por trigo sarraceno contaminado con datura. Lo más preocupante es que no
hablamos de casos aislados sino de situaciones que se repiten. Los problemas con los huevos
ecológicos en Alemania fueron en la Pascua de 2012 (el conejo de Pascua trajo un huevo sorpresa) y
en febrero de 2013. Las contaminaciones por datura en Francia se dieron en septiembre de 2012 y en
2007, por lo que no parece que estos problemas se estén solucionando. Tampoco podemos decir que
sea un conflicto propiamente europeo, porque en Estados Unidos los mismos problemas son
recurrentes. En el año 2012 se encontraron espinacas ecológicas con E. coli y en 2013 se produjo una
intoxicación con hepatitis A por semillas de granada ecológica. No es cuestión de asustar, porque en
general la comida es segura. Para asustar ya tenemos a los entusiastas de la alimentación ecológica
diciéndonos que los que comemos comida normal nos vamos a envenenar, pero, números en mano,
tenemos más posibilidad de sufrir una intoxicación consumiendo ecológico que convencional…,
aunque el 51 por ciento de consumidores piensen que es mejor para la salud. El cliente a veces no
tiene la razón. No hay caso más claro que este.